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PROSTITUCIÓN

DEFINICION:

Prostitución, realización de actos sexuales con fines exclusivamente lucrativos. En términos legales, la palabra ‘prostituta’ se refiere sólo a aquellas personas que participan de transacciones económico-sexuales, por lo general a cambio de una remuneración acordada.

CARACTERISTICAS:
La prostitución se da en ambos sexos y los servicios pueden ser heterosexuales u homosexuales, aunque a lo largo de la historia esta actividad ha sido protagonizada preferentemente por mujeres (con clientes masculinos), lo que refleja la dependencia socioeconómica tradicional de la mujer y la tendencia a explotar la sexualidad femenina. Aunque a menudo ha sido considerada ‘la profesión más antigua del mundo’, el concepto de mujer como propiedad (vigente en casi todas las culturas hasta finales del siglo XIX, y aún hoy en muchas de ellas) significaba que en la mayoría de los casos los beneficios de la profesión pasaban a los hombres que la controlaban. Estos han sido caracterizados tradicionalmente como proxenetas y clientes, pero también ejercen cada vez más esta actividad, ofreciendo sus servicios, por lo general, a clientes masculinos y más raramente a femeninos. Existe una tendencia creciente a involucrar a niños en la explotación sexual. Los niños más proclives a ser atraídos por la prostitución son los que han escapado de sus casas y no disponen de otra fuente de ingresos que el intercambio de favores sexuales por dinero. Aunque existen mercados de prostitución infantil en todo el mundo, sus clientes suelen ser los países más ricos y sus proveedores los países más pobres.

La prostitución ha existido desde tiempo inmemorial y sus formas dependen de los valores económicos, sociales y sexuales de cada sociedad. La motivación puede ser laica o religiosa. En algunas sociedades era considerada como garantía de la preservación de la familia. Las mujeres se han incorporado con frecuencia en la prostitución obligadas o bajo presión económica. En casi todas las sociedades las prostitutas procedían de estratos sociales bajos y oportunidades limitadas, ya que su servicio sexual era desaprobado y considerado degradante para ellas. Sin embargo, algunas prostitutas femeninas lograron alcanzar la riqueza y el poder a través del matrimonio, como la emperatriz bizantina Teodora, esposa de Justiniano I.

PROSTITUCIÓN EN LAS SOCIEDADES NO INDUSTRIALES  
La prostitución estaba muy difundida en las primeras sociedades no industriales, en donde el intercambio de mujeres entre sus maridos era muy común. En el antiguo Oriente Próximo y en la India, los templos albergaban a un gran número de prostitutas. A menudo estas mujeres eran personas cultivadas, hábiles bailarinas, cantantes, compositoras y poetas, y que, por ironías de la vida, tenían acceso a las artes que se negaban a otras mujeres. En estas sociedades se consideraba que la relación sexual con ellas facilitaba la comunicación con los dioses.

En la antigua Grecia la prostitución floreció en todos los niveles de la sociedad. Las prostitutas del nivel inferior trabajaban en burdeles legales y tenían que llevar una vestimenta especial como símbolo de su profesión y las del nivel medio solían ser hábiles bailarinas y cantantes. Las prostitutas del nivel superior (hetairas) se reunían en salones con los políticos y podían llegar a alcanzar poder e influencia.

En la Roma antigua la prostitución era habitual a pesar de las rígidas restricciones legales. Las esclavas, capturadas por las legiones romanas, eran obligadas a residir en burdeles urbanos o eran explotadas por los dueños de las casas donde trabajaban. Las autoridades intentaron limitar la prostitución de las esclavas, para lo cual adoptaron en ocasiones duras medidas. Las residentes de los burdeles (meretrices) eran vigiladas por el Estado, obligadas a llevar toga, pelucas rubias y otros distintivos, a abdicar de todos sus derechos civiles y a pagar un fuerte impuesto.

En la edad media la Iglesia católica, que concedía gran valor a la castidad, intentó convertir o rehabilitar a las prostitutas, pero evitó enfrentarse con la institución. De esta forma la Iglesia seguía las enseñanzas de san Agustín, que sostenía que la erradicación de la prostitución haría surgir otras formas más radicales de inmoralidad y perversión, ya que los hombres seguirían buscando el contacto sexual fuera del matrimonio. A finales de la edad media los burdeles legales florecían en toda Europa y proporcionaban importantes ingresos a los miembros corruptos del gobierno y de la Iglesia. En Asia, donde las mujeres estaban poco consideradas y no existía un freno religioso, la prostitución estaba aceptada de forma general.

Durante el siglo XVI la prostitución disminuyó en Europa, en gran parte debido a los fuertes ataques de radicales protestantes y católicos que condenaban la inmoralidad de los burdeles y además opinaban que la prostitución estaba estrechamente unida a la aparición de la sífilis, enfermedad hasta entonces desconocida. Esto condujo al cierre legal de los prostíbulos de numerosas ciudades. Una ley típica fue la promulgada en París en 1635, por la que las prostitutas debían ser azotadas, cortarles el cabello al rape y exiliadas de por vida, sin juicio oficial.

PROSTITUCIÓN EN LAS SOCIEDADES INDUSTRIALES  
La severidad de la legislación no consiguió erradicar la prostitución ni las enfermedades venéreas, y cada vez se hizo más patente que aquélla iba en aumento, en especial en las ciudades que contaban con una gran población que había surgido durante la industrialización de Occidente en los siglos XVIII y XIX. La mayoría de los gobiernos europeos, empezando por el de Prusia en 1700, decidieron que para erradicar las enfermedades venéreas en lugar de prohibir la prostitución había que controlarla implantando un sistema de registro obligatorio, de legalización de prostíbulos y de inspección médica de las prostitutas. Gran Bretaña, aunque no legalizó los burdeles, aprobó en 1860 una ley por la cual se obligaba a las prostitutas de determinados distritos a pasar una revisión médica. En muchas de estas ciudades la prostitución floreció abiertamente en los barrios chinos. Las autoridades, que consideraban a estas mujeres como un mal necesario, les permitían llevar a cabo su actividad siempre que ello no molestara la moralidad de las personas que pudieran encontrarse en la zona. Se desarrolló un lucrativo comercio de esclavas blancas, y las mujeres y las niñas eran embarcadas y enviadas a otros países para dedicarlas a la prostitución.

En un determinado momento, la ineficacia de la legalización de la prostitución y la corrupción asociada a ella levantaron protestas en toda Europa. Muchos gobiernos intentaron controlar esta actividad prohibiendo el tráfico internacional de mujeres y niños. En 1885 Gran Bretaña aprobó la Ley de Enmienda Criminal, que prohibía este tráfico, y en 1904 trece países firmaron un tratado que establecía un intercambio internacional de datos sobre el tema. En 1910, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley sobre el tráfico de esclavos blancos que prohibía el tráfico entre países de mujeres y niñas con fines inmorales.

A finales del siglo XX la prostitución adquiere otras formas de actuación. Algunas prostitutas (callgirls) operan desde sus domicilios (o desde locales adquiridos específicamente para este fin) con una clientela habitual. Otras trabajan en los denominados ‘centros de masaje’, una nueva versión del antiguo burdel. Sin embargo, la mayoría se ofrecen o son solicitadas por los clientes en las calles de las ciudades. Cada vez hay más jóvenes que huyen de sus casas y buscan en la calle una forma de supervivencia económica.

Algunos sistemas legales prohíben la prostitución, mientras que otros sólo consideran ilegales determinadas actividades asociadas a ella como seducir, regentar un burdel o ejercer el proxenetismo. En los casos en que la prostitución está parcial o totalmente castigada, son las prostitutas las que están más sujetas a medidas reguladoras y de castigo, no sus clientes.

Muchas prostitutas son controladas por un hombre que en ocasiones actúa de proxeneta y en la mayoría de los casos suele llevarse gran parte del dinero ganado por las mujeres. Este individuo supone una determinada seguridad para la prostituta y en ocasiones también se hace cargo del pago de la fianza en caso de arresto; a veces mantiene vínculos emocionales con las mujeres que trabajan para él, pero la mayor parte de las veces esta relación está basada únicamente en la explotación de la mujer.

SITUACIÓN ACTUAL  
En Occidente, hasta la década de 1960 la actitud hacia la prostitución estaba basada en la idea judeocristiana de la inmoralidad. En los últimos tiempos los investigadores han intentado separar la cuestión moral de la realidad de la prostitución. El mantenimiento de su ilegalidad en muchos países se basa en tres ideas: que la prostitución está ligada al delito organizado, que es responsable de gran parte del delito menor y que es la causa del aumento de las enfermedades venéreas. Hoy estas opiniones están siendo muy criticadas.

Expertos de reconocido prestigio han destacado que esta actividad ha dejado de ser una buena inversión para el delito organizado, ya que es difícil de controlar, demasiado visible y produce unos ingresos insignificantes en comparación con los fuertes castigos que conlleva. Está claro que el delito menor (robo, asalto y consumo de drogas) está unido a la prostitución, pero habría que pensar seriamente si es racional tachar una actividad de delictiva con el fin de reducir o controlar otra. Además, las autoridades sanitarias han comprobado que las prostitutas sólo son responsables de un pequeño porcentaje de los casos de enfermedades venéreas.

Las prostitutas abogan por la legalización de su actividad con diferentes argumentos. La legalización liberaría a los tribunales y a la policía de tratar estos casos, dejándoles más tiempo para casos más graves. Otro argumento es la cuestión constitucional de la violación del derecho a una protección igual, ya que la ley penaliza a las prostitutas pero no así a sus clientes.

UN FENÓMENO SOCIAL UNIVERSAL  
La prostitución existe en casi todo el mundo. En 1985 se observó un renacimiento de la práctica incluso en China (a pesar de que fue negado oficialmente), país que, gracias al énfasis puesto en la igualdad entre los sexos y en la represión gubernamental, parecía haber eliminado la prostitución. En ciudades como Bangkok y Calcuta el turismo ha generado un amplio mercado para la prostitución. En Bangkok, por ejemplo, es a menudo la única vía para salir de la pobreza, ya que las prostitutas pueden ganar hasta diez veces el salario, por ejemplo, de una camarera o mesera. El problema se ha resuelto en parte mediante la legalización y la tolerancia. Otro fenómeno que se ha desencadenado en los últimos años es el llamado ‘turismo sexual hacia países del Tercer Mundo’, en los que parte de la población se ha visto obligada a recurrir a este medio para subsistir. En algunos países la legislación intenta solucionar las problemáticas consecuencias sociales mediante el control de la prostitución en la calle y de las personas que viven de esta actividad. Sin embargo, la aparición del virus del SIDA ha originado una gran preocupación entre las mujeres que la practican y la sociedad en general.

 

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